La Noche de la Victoria en tiempos de pandemia
Este año de pandemia, continúan la rememoración de los 500 años del proceso de guerra de Conquista de la región mesoamericana a manos de los soldados españoles. ¿Cómo lo conmemoraremos?
Cabe recordar que Cortés con 300 soldados españoles y cerca de 2,000 aliados tlaxcaltecas estuvo instalado en el Palacio de Axayacatl, desde noviembre de 1519 momento en que arriba a la gran Ciudad de Mexico Teochtitlan. Moctezuma recibe noticias del desembarco en Chalchicueyecan, hoy conocido como Veracruz, de Pánfilo de Narváez al mando de 900 hombres en 18 barcos, enviado para capturarlo vivo o muerto por orden del gobernador de Cuba. Cortés sale de Mexihco-Tenochtitlan con 300 soldados españoles y un ejército de cientos de indígenas aliados. Manda mensajes a sus aliados totonacas, para preparar el enfrentamiento con los “nuevos españoles” recién llegados. Éstos a su vez ven la oportunidad para liberarse del yugo de los mexicas y reciben a los españoles de Narváez a la espera de la llegada de Cortés, quien también manda mensajes a los soldados españoles, prometiéndoles riquezas si traicionan a Narváez y se pasan de su lado. Divididas sus tropas, en minoría y sin conocer el terreno, Narvaéz es sorprendido y queda tuerto. Es hecho prisionero para lograr el sometimiento de sus soldados. Unas fuentes refieren que Cortés hiere al cacique Totonaca y otras que lo mata junto a otros de sus allegados, con lo que ve fortalecido su ejército con cientos soldados españoles y miles de indígenas sometidos.
Mientras tanto, el sanguinario Pedro de Alvarado quedó al cargo de 100 soldados españoles en la guarnición en que convirtieron el Palacio de Axayacatl, los aposentos que ocuparon en el recinto sagrado de la gran ciudad de Mexihco-Tenochtitlan. Ahí se dice que encontraron un tesoro, un cuarto lleno de oro y joyas preciosas, lo que aumentó su ambición. Destruyeron las pinturas y monumentos prehispánicos y colocaron imágenes de santos y vírgenes. Vigilado y confinado en su propia casa el Huey Tlahtoani y toda su familia, debían realizarse las celebraciones rituales que correspondían al mes de Toxcatl. Seguramente sin entender y sin importarle, Alvarado permitió que se organizaran los festejos “a condición de que no hubiera sacrificios humanos” –dicen que le agregaron posteriormente a esa versión, con fines de justificación–, otros dicen que la condición es que no fueran armados, mucho más plausible. Durante la ceremonia, al ver tanta gente reunida y con tantos atavíos de oro, jade y plumas preciosas, ya sea por miedo, ambición, crueldad y todo junto, llevó a cabo una de las más terribles matanzas y rapiña que se haya tenido memoria. Prácticamente toda la clase gobernante mexica y de otras regiones reunida, fueron cercados y arteramente asesinados y robados por los ambiciosos soldados, que fueron por el oro, y por los miles de guerreros de los pueblos aliados y sometidos al paso de Cortés desde Chalchicueyecan hasta la Gran Tenochtitlan; ellos, los indígenas, fueron por las plumas y el jade. El pueblo quedó indignado.
A la matanza siguió la tortura de los sobrevivientes. Se dice que dentro de la normalidad medieval de los soldados españoles, era común aplicar a sus prisioneros una serie de torturas, para someterlos y para que confesaran dónde tenían o podían obtener más riquezas. También los torturaban para que aceptaran la religión católica y se sometieran como súbditos del rey de España. Era extenso el catálogo de torturas, pero destaca el “garrote vil”, que consiste en ahorcar lentamente al prisionero con un collar metálico o una soga rodeando su cuello fijo a un madero o barrote al cual está inmovilizado; con un tornillo de metal o con la soga al irla retorciendo se estrangula al prisionero que muere de asfixia o por rotura de las vértebras cervicales. De acuerdo a los informantes de Sahagún, “todos los nobles mexicas que se encontraban en poder de los españoles fueron ejecutados bajo el garrote al dejar de ser útiles”.
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A su regreso, Cortés entró en la capital fortalecido con más soldados españoles y más ejércitos aliados indígenas, pero encontró la ciudad debastada por la guerra y su guarnición rodeada por los sobrevivientes que se reorganizaban. Cuitláhuac, señor Huey Tlahtonai de Iztapalapa, se encontraba preso entre la familia de Moctezuma por ser su hermano. A condición de que calmara las protestas, Cortés decidió liberar a Cuitláhuac y a varios de los detenidos. Pero éstos organizaron la resistencia. Sitiados, los españoles aceleraron la fudición de los tesoros robados y pretendió utilizar al Tlahtoani para apaciguar a la población.
Además de haber sido reducidos los contenidos sobre nuestras culturas originarias, hasta la fecha los libros de texto con los que millones de mexicanos son aleccionados sobre estos hechos históricos señalan:
“Días después de que Cortés regresó triunfante, Moctezuma murió. No se sabe si su muerte fue consecuencia de las heridas recibidas cuando lo llevaron a la azotea del palacio para que calmara a su pueblo y éste lo apedreó, o si fue asesinado por los españoles. Su hermano Cuitláhuac lo sucedió en el trono. Una noche lluviosa los españoles envolvieron en trapos los cascos de los caballos para huir sin hacer ruido. Pero fueron descubiertos. Dirigidos por Cuitláhuac, los mexicas los derrotaron. Más tarde los españoles llamaron a este episodio la “Noche Triste”. Se dice que Cortés lloró la derrota al pie de un ahuehuete”. (“Historia, Cuarto Grado”, Libro de Texto Gratuito, SEP, 2005. p. 56, 57. En la edición 2019, se lee: “A su regreso, Cortés le pidió a Moctezuma que tranquilizara a su pueblo, pero cuando enfrentó a la multitud no fue escuchado y lo hirieron de muerte”. El libro “Histora, Sexto Grado”, 2019, ni siquiera menciona el tema).
De acuerdo con los informantes indígenas de Fray Berbardino de Sahagún, los cuerpos de los nobles mexicas asesinados por los españoles fueron arrojados a la calle, el cuerpo de Moctezuma mostraría heridas de espada. Según otro fraile, Diego Durán, después de que los españoles hubiesen sido expulsados de la ciudad, fue encontrado el cadáver de Moctezuma con una cadena alrededor de sus pues y cinco puñaladas en el pecho.
Según se observa en una de las láminas del Códce Florentino, es el propio Cortés ayudado por un soldado con armadura de hierro medieval quienes lanzan el cuerpo inherte del Huey Tlahtonai a un canal.

Asesinato de Moctezuma, Códice Florentino.
Lo cierto es que fueron descubiertos en su huída de noche y en sigilo, y fueron acosados y perseguidos por los mexica. Primero lanzaron a los ejércitos indígenas, para que se enfrentaran entre ellos. Luego los españoles con Cortés al frente y el macizo de carretas transportando el oro, mientras que en la retaguardia Alvarado y más tlaxcaltecas cubrirían el escape.
Cada soldado llevaba también su tajada con lingotes formados como “costillas” que llevaban dentro de sus armaduras, como el llamado “Tejo de Oro”, encontrado en las excavaciones para la construcción del monstruo de concreto que ocupa la Secretaría de Hacienda en Avenida Hidalgo y Puente de Alvarado en el extremo norponiente de la Alameda Central. En este lugar fue contruída la iglesia de San Hipólito justamente para conmemorar este hecho: descubierta la huída de los españoles por una mujer mexica que dio la voz de alarma y asediada la columna, los españoles utilizaron toda su capacidad de fuego y armamento para abrirse paso entre un mar de guerreros indígenas que se debatían en cruenta batalla. Se dice que “milagrosamente” (por eso la iglesia en el lugar) Pedro de Alvarado logró atravezar de la isla de Tenochtitlan a la Calzada Mexico-Tacuba en el sitio llamado Tlaltecayohuacan o Toltecaacaloco (Canal de Toltecas, según González Gamio), por encima de un puente formado por los cadáveres de sus propios soldados y de cientos de guerreros indígenas de uno y otro bando.

Los españoles lograron abrirse paso a sangre y fuego. Muchos de los soldados de Narváez quedaron muertos en el camino. Algunos afirman que los persiguieron hasta Naucalpan, y por ello construyeron allí la iglesia de la Virgen de los Remedios, la deidad más importante para los españoles conquistadores, misma que después utilizarían como estandarte los realistas, frente a la Virgen Guadalupana, la virgen indígena, estandarte de los revolucionarios insurgentes de 1810.
Pero desde siempre se considera que donde yacen los restos de un imponente ahuehuete en Popotla, fue donde Cortés maldice su mala suerte y llora jurando por la Virgen de los Remedios, su venganza.

El Ahuehuete de Popotla, según José María Velasco.
Seguramente mucho de lo que sucedió durante las guerras de conquista fue el choque de dos culturas y también de dos formas de comprender la guerra, sus objetivos, sus estrategias, sus rituales y normas. Los pueblos nativos tenían un largo historial de guerras y luchas de liberación de unos pueblos sobre otros. La búsqueda de recursos o la apertura mercados, pueden ser sus principales causas, pero también el establecimiento de alianzas, linajes, grandeza, historia. Tambien la guerra para los aborígenes era considerada un hecho ritual coonectada con los ciclos de su cosmovisión, que requería de procedimientos y reglas reconocidas por los contrincantes. Se dice que las “Guerras Floridas” eran justamente guerras rituales, en donde el lucimiento de los guerreros principales era fundamental para obtener ascensos en la escala social. El objetivo, se dice, no era vencer al enemigo, sino capturar al mayor número posible de prisioneros, con el objeto de intercambiarlos por otros de sus compañeros caídos en el bando contrario, o bien como esclavos o según dicen, para utilizarlos en sus rituales. Las confrontaciones eran con una gran variedad de armamaneto, destacando el macuahitl, la macana con puntas de obsidiana y el chimalli, el escudo de plumas y algodón. Los guerreros portaban armaduras de algodón y se dice que entre sus reglas estaba el de no atacar por la espalda al enemigo y capturar al enemigo tomándolo por el cabello, que todos usaban largo. En ese momento terminaba el combate y el prisionero se sometía para llevarlo a resguardo, mientras la refriega continuaba.

Detalle de la llamada «Piedra de Tizoc», que muestra el sometimiento de Chalco.
Para los españoles bastaba que los pueblos no se sometieran como vasallos del rey de España y a la fe católica para arrasarlos. Al aproximarse a una población, daban lectura –en español– a un pliego en donde afrimaban que habían llegado hasta ese lugar por mandato de un gran rey que todo lo gobernaba, que si no se sometían como vasallos de ese gran rey y se convertían a la fe católica, entonces serían sometidos por la fuerza. Generalmente daban varios escopetazos, mataban a varios lugareños, cargaban con sus caballos sobre templos y destruían sus ídolos, apoyados con un ejército de indígenas avasallados. Imponían tributo en oro y bastimentos a los gobernantes así como la obligación de aportar cierto número de guerreros.
Es en ese contexto, que los mexicas persiguen pero no aniquilan a sus enemigos, permitiendo que descansen en Popotla y se dediquen a fortalecerse para la siguiente batalla.
Desafortunadamente para los mexica, se habían librado por el momento de un terrible enemigo dotado del armamento más poderoso del planeta en ese momento, la caballería y las armas de fuego desconocidas absolutamente por los aborígenes, pero había ya entre ellos otro enemigo invisible, invencible e incomprensible para la medicina indígena de la época: un virus, el “Variola virus”, para el cual, hasta la fecha, tampoco hay tratamiento ni cura. Es hasta el siglo XX, en 1980, cuando se declara mundialmente la erradicación de la enfermedad, gracias a las vacunas hasta entonces desarrolladas.
La epidemia causó miles de muertes, incluída la del nuevo Huey Tlahtoani.

Códice Florentino.
